El Marido dice que tengo un garbancito en la cabeza.De repente, empieza pim, pam, pim, pam a rodar y , cuando llega abajo, se ha transformado en un ENOrmeeee garbanzo. Vamos, que él solito llena la olla de un clan caníbal.En los tiempos que corren, esto sería genial para la economía: una sola legumbre y sirve para alimentar a toda una familia.
Menos mal, que para eso está Marido. Él , que a veces tiene una tranquilidad encima que me pone de los nervios, dice algo así :"al tiempo le pido que tiempo me dé" La verdad,es que nunca he escuchado el final de la frase porque ya mi cabeza está en otra parte.Tendré que poner más atención a la próxima, sobre todo porque se acaba de enterar del asunto.
¿A qué viene esto?Pues os lo voy a decir porque seguro que os ha pasado más de una vez. Podría aplicar sabiamente las enseñanzas de este libro a , por ejemplo, dejar de tener "visualizaciones creativas" donde me veo embargada y/o deshauciada (como una más) Peerooo prefiero aplicarlo al tema de los abalorios (pasando olímpicamente del tema "piso"). Y es que, cuando me hacen un encargo sin decir ni modelo ni color pero sí con el archiconocido "lo que tú quieras" ya la he liao...y empieza la tormenta de ideas o mejor dicho, de dudas y amarguras:¿Le gustará el color morado?¿ los anillos grandes? ¿el ambientador en el baño? ¿chanclas o tacón?Así que una vez terminado el encarguito, aunque sean las tantas mil, despierto a mi Bello durmiente del sillón para que dé su opinión (jejejejeje risa de maldad ;=)) Invariablemente le gusta. Si le enseño una perla pinchada en un palo, también le gusta.
Y va y luego, cuando se lo das al interesado o interesada te dice:"uy...me encanta, el color azul es mi preferido" Digo yo que hubiera sido más fácil decírmelo al principio.Menos mal que leí el libro.Ahora, cuando me dicen "hazme cualquier cosa" no sufro tanto y abalorieo confiando en que les va a gustar. Una amargura menos, que siempre es de agradecer.
Unos encargos....













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Me costó un poco la bola campos, que es esta que acompaña a la mariposa. Esto del abalorieo tiene su filosofía y la de esta bola es que los colores claros hagan como una equis. En realidad, a mi me gusta quebrantar esas reglas y ya vereis, que el serpentine que acompañó al regalo no hacía los típicos "ojitos de serpiente" (que es la filosofía del serpentine).Al final, lo conseguí:
